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¿Qué hago con las propagandas que me emocionaron, si ahora sé que eran marketing?

Música, emoción y conciencia: cuando la belleza no pierde su verdad

Música, emoción y conciencia: cuando la belleza no pierde su verdad

La música, las imágenes y los relatos audiovisuales han acompañado al ser humano desde tiempos inmemoriales. Mucho antes de que existiera la publicidad, el marketing o la propaganda, ya estaban allí: en los rituales, en los cantos, en las celebraciones, en los momentos de unión y de trascendencia.

Sin embargo, en algún punto del camino, muchos comenzamos a mirar estas expresiones con desconfianza. Descubrimos que detrás de una música conmovedora había una intención comercial. Que detrás de una marcha épica había intereses políticos. Que detrás de una publicidad emotiva había una estrategia de venta.

Y entonces surge una pregunta inevitable:
¿Eso invalida lo que sentimos?

La emoción no es creada: es activada

Una de las primeras confusiones que conviene iluminar es esta: ni la música ni la imagen crean emociones desde cero. Ninguna marcha militar inventa el coraje. Ninguna publicidad inventa el amor. Ningún himno inventa el sentimiento de pertenencia.

Lo que hacen es activar emociones que ya existen en la profundidad del ser humano.

  • Amor
  • Nostalgia
  • Unidad
  • Protección
  • Esperanza
  • Sentido de hogar
La emoción que surge es real.
No es una ilusión.
Lo que puede ser direccionado es su significado.

Música, imagen y relato como llaves emocionales

La música, la estética visual y el relato narrativo funcionan como llaves. No son la puerta. La puerta es la sensibilidad humana.

Cuando una canción nos conmueve o una imagen nos llena de nostalgia, no lo hace porque “nos engañaron”, sino porque tocó una fibra auténtica que ya estaba ahí.

Que alguien haya aprendido a usar esas llaves con habilidad no convierte a la emoción en falsa. Solo revela que el ser humano es profundamente sensible y receptivo al lenguaje simbólico.

El uso sagrado y el uso interesado

A lo largo de la historia, estas herramientas emocionales fueron utilizadas con intenciones muy distintas.

  • Para conectar con lo sagrado
  • Para ordenar el alma según un sentido superior
  • Para generar cohesión social
  • Para despertar patriotismo o fervor colectivo
  • Para vender productos, ideas o estilos de vida

Reconocer que hubo intereses detrás no implica negar que, en muchos casos, la música y el arte nacieron de una búsqueda genuina de sentido.

La belleza no pierde su verdad porque alguien la haya usado.
El problema no es la emoción, sino su apropiación.

Ver el mecanismo sin endurecer el corazón

Existe una trampa frecuente en los procesos de despertar: al descubrir los mecanismos, algunas personas se vuelven cínicas. Como si ver el truco obligara a dejar de sentir.

Pero esa no es la única salida. Existe otra, más madura y más libre.

Es posible:

  • Ver el mecanismo
  • Reconocer la intención
  • Comprender el contexto
  • Y aun así conservar la sensibilidad
La conciencia no destruye la emoción.
La libera del relato que intenta poseerla.

Rescatar la luz sin tragarse la narrativa

Una propaganda de los años 80 puede transmitir calidez auténtica. Una música épica puede seguir erizando la piel. Un mensaje audiovisual puede despertar amor real, aun sabiendo que su finalidad era comercial.

La conciencia no exige negar eso. Exige no confundir la emoción con la historia que se nos quiere vender junto a ella.

Cuando separamos:

  • La emoción genuina
  • Del relato circunstancial

recuperamos algo esencial: la libertad interior.

El arte como espejo imperfecto de lo verdadero

El arte, la música y la estética no son dueños de la verdad, pero la reflejan. A veces de manera pura, a veces de manera distorsionada. A veces con intención elevada, a veces con intereses mezquinos.

Pero lo que reflejan no les pertenece.

La emoción pertenece al ser humano.
La música es solo el canal.
La conciencia es lo que devuelve todo a su lugar.

Conclusión

Al iluminar estos procesos no se destruye la belleza, ni la música, ni la emoción. Al contrario: se las devuelve a su función original.

  • Como puentes, no como cadenas
  • Como llaves, no como verdades absolutas
  • Como canales, no como dueños

La verdadera luz no apaga la sensibilidad.
La vuelve consciente.

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